Inflamación crónica – La verdadera causa de las enfermedades cardiovasculares

Se muestra una persona sufriendo un ataque al corazón

Este artículo es la continuación de El Colesterol – Falsos mitos y creencias desmentidos por la ciencia. Si todavía no lo has leído te recomiendo que le eches primero un vistazo para entrar en contexto.

La enfermedad cardiovascular hace ya décadas que se ha convertido en la principal causa de muerte en el mundo. A pesar de seguir los consejos que dictan las recomendaciones oficiales para prevenir estas enfermedades, los casos siguen aumentando. Solamente en los últimos 15 años, las muertes por cardiopatía isquémica han aumentado cerca de un 25%. Se estima que en 2020 alrededor de 25 millones de personas morirán por esta enfermedad en todo el mundo (detalle).

En esta segunda parte veremos cual es la verdadera culpable de esta epidemia que está condicionando nuestra calidad de vida.

La verdadera culpable de la enfermedad cardiovascular

 

Hemos visto que las moléculas de colesterol circulan por nuestro torrente sanguíneo en una especie de contenedores llamados lipoproteínas. Siempre nos han explicado que esas lipoproteínas (HDL y LDL) se pegan a las paredes de nuestras arterias formando placas que obstruyen la circulación de la sangre. Pero ¿cuál es el motivo por el que se pegan a nuestras arterias?. ¿Cómo hemos podido evolucionar durante millones de años con un error tan grande de diseño?.

Para que resulte más fácil de entender vamos a utilizar otra comparación. Imagínate que tienes una sartén nueva recién comprada y fríes un par de huevos en ella. Los huevos se deslizan con una perfecta fluidez sobre la superficie y no se pegan ni lo más mínimo. Sin embargo, después de unos cuantos lavados frotando la sartén con el estropajo, la superficie se empieza a deteriorar. La próxima vez que intentes freír un huevo seguramente se terminará pegando a la sartén. A nadie se le ocurriría echarle la culpa a los huevos ¿verdad?. Es obvio que el deterioro de la superficie de la sartén es lo que hace que se peguen los huevos al freírlos.

Diferencia entre una arteria normal y una arteria dañada
Capa interna (endotelio) de una arteria normal y una dañada

Pues algo muy parecido es lo que pasa en tus arterias con el colesterol. Cuando están en perfectas condiciones, la capa interna de tus arterias tiene propiedades anticoagulantes y nada se adhiere a ellas. Pero cuando estas paredes se dañan, se vuelven pro-coagulantes y comienzan a parecerse más a un velcro que al teflón. Como consecuencia de estos daños las paredes arteriales se inflaman y es aquí cuando empiezan los verdaderos problemas.

 

 

La inflamación crónica

 

La inflamación aguda es una respuesta natural y beneficiosa del organismo que se produce cuando se daña algún tejido. Aumenta la presencia de proteínas, leucocitos, plaquetas y otras sustancias necesarias para la recuperación de la zona afectada. Su finalidad es ayudar a la curación y reconstrucción del tejido lesionado, y es lo que sucede ante cualquier traumatismo.

En algunas ocasiones el origen de la inflamación no es un traumatismo repentino ni una infección, sino un pequeño daño prolongado en el tiempo. En estas ocasiones la inflamación no produce dolor y los síntomas son imperceptibles, así que es fácil que pase desapercibida. Por este motivo se le conoce como inflamación crónica o silenciosa, y es la realmente peligrosa.

Cuando tus arterias sufren inflamación crónica, se producen una serie de eventos que dan lugar a la formación de las placas de ateroma. Sin inflamación nunca se producirían estas placas.

Formación de las placas de ateroma debido a la inflamación crónica.

Pero la inflamación crónica no solamente es la principal causante de las enfermedades cardiovasculares. Además está detrás de prácticamente cualquier trastorno degenerativo, como Artritis, Cáncer, Diabetes, Obesidad, Alzheimer, etc…

 

Causas de la inflamación crónica

 

En la actualidad se han multiplicado los estudios que investigan las causas y soluciones a la inflamación. Se conocen un gran número de factores, principalmente relacionados con nuestro estilo de vida moderno, que contribuyen a este mal. Pero seguramente en los próximos años podremos disponer de mucha más información al respecto.

De entre todos estos factores, podemos considerar los siguientes como los principales culpables:

 

Azúcar, Grasas Trans y Carbohidratos refinados

Hoy en día, un niño de 8 años, ya ha comido más cantidad de azúcar que su bisabuelo en toda su vida.

Cuando consumes alimentos refinados de alto índice glucémico (azúcar, harinas y cereales refinados, bebidas azucaradas, etc…) tus niveles de azúcar en sangre suben rápidamente. Los niveles de insulina se disparan, se producen gran cantidad de radicales libres y así comienza la respuesta inflamatoria.

Tan solo 30 minutos después de consumir 50g de fructosa los marcadores ya muestran un grado considerable de inflamación (estudio). Estos niveles de inflamación se mantienen hasta 2 horas después de la ingesta. Además, la respuesta inflamatoria es directamente proporcional a la dosis de fructosa ingerida (estudio).

Una dieta natural sin productos procesados ni azúcares puede reducir la inflamación de forma considerable en solo 10 días (estudio).

 

Resistencia a la insulina

La insulina es la hormona encargada de almacenar el azúcar en las células en forma de glucógeno. Cuando el azúcar se eleva en la sangre, el cuerpo responde elevando también los niveles de insulina para enviar todo este azúcar a las células y recuperar unos niveles normales de azúcar en sangre.

El problema empieza cuando las células ya no pueden almacenar más azúcar y son incapaces de responder a la insulina. Entonces el páncreas comienza a segregar todavía más insulina para que las células obedezcan y almacenen el azúcar sobrante.

Una vez que tu cuerpo entra en este círculo vicioso, cada vez son necesarias cantidades mayores de insulina para que las células reaccionen. De esta forma, tus células acaban volviéndose resistentes a la insulina y así es como comienza la Diabetes Tipo II.

Efectos de la resistencia a la insulina

Estas cantidades constantemente elevadas de insulina en la sangre contribuyen a la inflamación crónica (estudio, estudio). El azúcar sobrante acaba metabolizándose en el hígado y transformándose en triglicéridos y colesterol LDL (patrón b).

Hay dos patrones del colesterol LDL, el patrón A y el patrón B. El primero son moléculas grandes y esponjosas como de algodón y son inofensivas. El patrón B son moléculas pequeñas susceptibles de oxidarse al unirse a los radicales libres que circulan por la sangre. Estas moléculas de LDL (b) una vez que se oxidan sí contribuyen a la formación de placas de colesterol (estudio). Por eso tampoco es correcto afirmar que el colesterol LDL es malo sin saber a qué patrón pertenecen las moléculas.

 

Estrés y falta de sueño

Al igual que otras respuestas de emergencia del organismo ante agresiones externas, el estrés es una respuesta natural y necesaria para la supervivencia. Pero cuando el estrés se vuelve crónico se convierte en uno de los principales causantes de la inflamación (estudio). Por algo se le conoce como el asesino silencioso.

La falta de sueño actúa de una forma similar al estrés crónico en el organismo. Se ha comprobado que los medidores de inflamación aumentan cuando dormimos menos de las 8h recomendadas (estudio).

Quizá la recomendación de que debes dormir más y estresarte menos suene muy fácil de decir y difícil de hacer. Pero el impacto sobre tu salud es tan grande que el esfuerzo por cambiar tus hábitos valen la pena.

Algunas pequeñas acciones, como la meditación (estudio) o el contacto con la naturaleza (estudio), contribuyen a bajar el estrés.

Una recomendación para intentar dormir algo más es apagar todos los aparatos electrónicos una hora antes de irte a dormir. La luz de las pantallas de móviles, tablets y ordenadores inhibe la producción de melatonina, hormona que regula el sueño. Revisar el e-mail mientras esperas tumbado a quedarte dormido es lo último que debes hacer si quieres conciliar el sueño.

Hombre con insomnio revisando su móvil en la cama

 

Ratio omega3-omega6

Los ácidos grasos Omega3 y Omega6 son moléculas imprescindibles para la vida y no los produce el organismo. Por ello se denominan ácidos grasosos esenciales y es necesario incluirlos en la dieta.

Para que estos ácidos grasos desempeñen sus funciones correctamente en nuestro organismo deben estar presentes en las proporciones adecuadas. Idealmente deberíamos tener una ingesta a partes iguales de Omega6/Omega3 con un ratio cercano al 1:1. La OMS hace una recomendación un poco más conservadora a favor de los Omega6 y sugiere una ingesta de 3:1.

Actualmente la inmensa mayoría de la población presenta un desequilibrio muy grande en el aporte de estos ácidos grasos esenciales. Un ciudadano medio en nuestra sociedad tiene una ingesta con un ratio de 15:1 e incluso mayor (estudio).

balanza equilibrando productos ricos en omega6 y omega3

Con este exceso de Omega6, las paredes celulares se vuelven más gruesas y los intercambios de fluidos más lentas. La expulsión de toxinas es más dificultosa y como consecuencia los tejidos se taponan y se inflaman.

Un balance equilibrado entre Omega6/Omega3 es uno de los principales factores a tener en cuenta para prevenir la obesidad (estudio).

Para equilibrar este ratio de Omega6/Omega3 debes eliminar de tu dieta los aceites vegetales (girasol, maíz, colza…) ricos en Omega6. Y aumentar la ingesta de Omega3, presente en el pescado azul (salmón, caballa, sardinas…), huevos, semillas de lino, etc….

 

Sedentarismo

Todos conocemos los efectos beneficiosos para la salud de llevar una vida activa. Pero una vida sedentaria no solo nos va a privar de los beneficios de la actividad física, sino que además, es inflamatorio de por sí (estudio).

Este estudio sugiere que un estilo de vida sedentario puede elevar los marcadores asociados a la inflamación.

Además de esto, el sedentarismo influye de forma negativa sobre el estrés y el estado de ánimo (estudio).

Los trabajadores que pasan más tiempo sentados presentan mayores niveles de inflamación y mayor resistencia a la insulina, independientemente de su nivel de actividad física (estudio).

 

Hipertensión

Cuando aumenta mucho la presión arterial, las partículas que circulan por la sangre fluyen con mayor dificultad.

Hace décadas que se conoce la estrecha relación que existe entre la hipertensión y el riesgo de padecer enfermedad cardiovascular. Hoy sabemos que también existe una relación recíproca entre la hipertensión y la inflamación. A veces la inflamación es la causa de la hipertensión y viceversa (estudio).

Los pacientes hipertensos presentan habitualmente concentraciones elevadas de angiotensina II (vasoconstrictor) y esto contribuye a la formación de placas (estudio).

Además la hipertensión tiene otras acciones pro-inflamatorias, incrementa la formación de peróxido de hidrógeno y la liberación de radicales libres.

Otro estudio sugiere que la inflamación causada por hipertensión puede explicar su rol como factor de riesgo para la aterosclerosis.

 

Tabaco y otros hábitos tóxicos

No voy a extenderme mucho con este punto. Poco queda ya por añadir a los numerosos riesgos y efectos nocivos conocidos asociados al consumo de tabaco. Es evidente que la prevalencia del hábito de fumar no es causa del desconocimiento ni de la poca información disponible.

Al llenar tu cuerpo de sustancias tóxicas, éste intenta defenderse y se inflama para reparar los tejidos lesionados. Si has estado atento hasta ahora, comprenderás como funciona la inflamación cuando se produce un daño en tu organismo.

Cuando este daño es crónico, como el de un fumador habitual, la respuesta inflamatoria es crónica también (estudio).

Por si fuera poco, el tabaco también libera radicales libres, que oxidan el patrón B de las lipoproteínas LDL (estudio).

Dudo que a estas alturas necesites más motivos para dejar de fumar, pero si ese es tu caso, todavía estás a tiempo. Los beneficios de dejar el tabaco son inmensos, independientemente de la severidad del daño ocasionado (estudio).

 

Alternativas para medir el riesgo de enfermedad cardiovascular

 

A pesar de todo esto, mucha gente sigue utilizando el colesterol como medidor de riesgo de sufrir enfermedad cardiovascular. Ahora sabemos que el colesterol total es un medidor muy pobre. Pero además, los niveles de LDL (mal llamado “colesterol malo”) que aparecen en nuestras analíticas tampoco nos dicen nada. Únicamente el LDL patrón B es realmente peligroso, ya que es susceptible de ser oxidado y formar placas de ateroma. Este patrón B se eleva con el consumo de azúcares y carbohidratos refinados, solo tienes que eliminarlos de la dieta.

Para medir de forma más fiable el riesgo de sufrir enfermedad cardiovascular debemos tener en cuenta el ratio Triglicéridos/HDL (estudio). Un ratio anormal entre estos dos valores indica un perfil lipídico aterogénico con alto riesgo de sufrir enfermedad cardiovascular(estudio).

Además el ratio TG/HDL está asociado con resistencia a la insulina, especialmente en jóvenes blancos con sobrepeso (estudio).

Se considera saludable un ratio TG/HDL de 2:1 ó 1:1, o incluso menor. A partir de 3:1 se considera un ratio de riesgo que aumenta exponencialmente (artículo). Es decir, si tienes un HDL de 50 y unos triglicéridos de 45 está muy bien, ya que tu ratio es menor que 1. Pero si tienes un HDL de 35 y unos triglicéridos de 140 significa que tienes un ratio de 4:1 y un riesgo elevado.

Tabla de riesgo de enfermedad cardiovascular según el ratio triglicéridos/HDL

Para mantenerte fuera de peligro debes intentar bajar tus triglicéridos y elevar tus niveles de HDL. ¿Cómo se consigue esto?. Seguro que no te sonará a nada nuevo. Los niveles de triglicéridos bajan eliminando azúcares y carbohidratos refinados de la dieta y subiendo la ingesta de Omega3. Los niveles de HDL se elevan con la actividad física.

 

Notas finales

 

Aunque padezcamos cierta predisposición genética a sufrir obesidad, diabetes, enfermedad cardiovascular, etc… nuestro estilo de vida es lo realmente determinante.

Podemos protegernos de las epidemias modernas con un estilo de vida más saludable y acorde con nuestros genes. Estas son las verdaderas medicinas para mejorar tu salud cardiovascular y mantenerte lejos de estas epidemias:

  • Elimina azúcares, grasas trans y harinas refinadas de tu dieta.
  • Baja tus niveles de estrés y duerme más y mejor.
  • Reduce tu ingesta de Omega6 y aumenta el Omega3.
  • Realiza actividad física de forma regular
  • Mantente en un peso saludable
  • Elimina hábitos tóxicos como el tabaco y el alcohol

 

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