Peligros del azúcar y productos procesados

Productos procesados en el supermercado

¿Entonces, si no puedo tomar azúcar, qué es lo mejor para endulzar el café?

Tras esta frase se esconde el verdadero problema al que te enfrentas cuando quieres empezar a comer más sano. A tu cerebro ya no le gusta el sabor natural de los alimentos.

Muchos de los productos procesados que comemos habitualmente proporcionan una intensidad de sabor que no existe en la naturaleza. Nuestro cerebro no está diseñado para asimilar este tipo de estímulos, pero se adapta demasiado rápido.

Los alimentos que nos han nutrido durante millones de años nos parecen insípidos tras unos meses desayunando donuts y croissants. Y lo que antes nos parecía un manjar, ahora ya no le resulta tan agradable a nuestras papilas gustativas.

Recuperar tu sentido del gusto es la principal prioridad si quieres mantener una alimentación sana de verdad. Ninguna dieta llegará demasiado lejos si la comida no te resulta placentera.

En este artículo intentaremos atacar la raíz del problema: nuestra atracción por el intenso sabor de los productos procesados. Veremos cómo han alterado nuestra alimentación y qué puedes hacer para volver a disfrutar de la comida real.

 

Elección instintiva de los alimentos

 

Ningún animal en su hábitat natural necesita que nadie le diga qué tiene que comer. Instintivamente todos buscan los alimentos que le aportan los nutrientes que necesitan. Su alimentación está escrita en sus genes y sus antojos varían según lo que necesitan en cada momento.

Muchos incluso utilizan plantas con conocidos efectos curativos para auto medicarse cuando lo necesitan (estudio).

 

Los seres humanos no somos una excepción, todos nacemos con un instinto que nos dice qué debemos comer. Y al contrario de lo que estamos acostumbrados, los alimentos más ricos en la naturaleza suelen ser los más nutritivos.

Algunos experimentos han demostrado que los bebés nacen con la habilidad de seleccionar los alimentos más beneficiosos para su salud.

bebé cocinando con hortalizas y verduras

En este estudio (que también mencionamos en nuestro e-book gratuito que puedes DESCARGAR AQUÍ), realizaron un experimento con bebés. Estos niños de entre 6 y 11 meses, solo habían sido alimentados con leche materna hasta el momento. No habían probado otros alimentos ni tenían prejuicios sobre como debían seleccionarlos o combinarlos para alimentarse.

Les dejaron comer lo que ellos quisieron durante 6 años, permitiéndoles elegir diariamente entre una lista de 34 productos naturales, tanto animales como vegetales.

Durante el estudio, observaron que cuando los niños enfermaban cambiaban su alimentación e ingerían alimentos que le ayudaban a curarse. Y las comidas que preferían, variaban desde los meses posteriores al destete hasta los seis años, dependiendo de sus necesidades.

Al finalizar el estudio todos los niños habían crecido con una salud excepcional. Ninguno tenía sobrepeso y todos habían llevado una alimentación perfectamente equilibrada, mucho mejor que la mayoría de los niños de su edad.

 

La enfermedad del marinero (escorbuto)

Otro ejemplo de este mecanismo instintivo que nos dice qué alimentos debemos comer son los antiguos marineros con escorbuto. Cuando pasaban mucho tiempo en altamar, debido a la mala alimentación, era habitual sufrir esta enfermedad (déficit de vitamina C). Al llegar a tierra, su cuerpo solo les pedía comer frutas y verduras (incluso hierba) para reponer las vitaminas necesarias. Por aquel entonces nadie sabía qué era una vitamina, pero su instinto les indicaba claramente qué era lo que necesitaban.

 

Tribus cazadoras-recolectoras actuales

 Pero posiblemente el mejor ejemplo de esta alimentación instintiva sean las tribus cazadoras-recolectoras que mantienen sus costumbres hoy en día. En todas estas tribus son muy raros los problemas de obesidad, diabetes, enfermedad cardiovascular u otras epidemias modernas (estudio).

Estudiando estas tribus podemos comprender un poco mejor el tipo de alimentación con el que han evolucionado nuestros antepasados. Y lo primero que podemos observar, es que las dietas de las diversas tribus tienen muy pocas cosas en común.

Gráfico que refleja la variedad en las dietas de diversas tribus cazadoras-recolectoras.
Fuente: https://www.scientificamerican.com/article/why-paleo-diet-half-baked-how-hunter-gatherer-really-eat/

Desde los esquimales Inuit, que ingieren cerca de un 95% del total de calorías procedentes de productos animales, hasta los !Kung que obtienen únicamente un 10% del total de calorías de esta fuente. Muchas tribus no contemplan las semillas y frutos secos en su dieta, y para otros suponen más del 50% del total de su ingesta calórica diaria.

Ninguna tribu sigue la repartición de macronutrientes que siempre nos han aconsejado de 55% carbohidratos, 30% grasas y 15% proteínas. Cuando la comida real es la base de la alimentación, cómo repartimos los nutrientes es lo menos importante.

Lo verdaderamente importante y lo que todos tienen en común no es lo que comen sino LO QUE NO COMEN. Y esto nos lleva a lo que venimos hablando desde el principio del artículo. Una alimentación libre de productos procesados es el verdadero secreto para mantener una dieta natural y saludable.

 

¿Porqué perdemos el instinto para alimentarnos correctamente?

 

Realmente seguimos naciendo con esta capacidad, pero la vamos perdiendo a medida que introducimos productos ultraprocesados en nuestra alimentación.

Al igual que muchos otros instintos imprescindibles para la supervivencia de la especie, tu cerebro guía tu alimentación a través del placer. Cuando comes algo nutritivo, tu cerebro te recompensa con una sensación placentera para motivarte a comerlo más a menudo.

El encargado de transmitir esta sensación de placer y motivación es un neurotransmisor que se llama Dopamina. Este neurotransmisor se produce en diversas regiones del cerebro y se une a otras neuronas en unos receptores específicos. La intensidad del placer que percibes depende de la cantidad de dopamina producida y del número de receptores disponibles.

Cuando proporcionas a tu cerebro estímulos para los que no está preparado (sobreestimulación), como mecanismo de defensa disminuye la cantidad de receptores de dopamina disponibles. Al disminuir los receptores de Dopamina, la cantidad de placer que puedes percibir ante un mismo estímulo también disminuye.

Este mismo mecanismo tiene un papel fundamental en las adicciones a las drogas u otras sustancias (estudio). Tras los primeros sobreestímulos, los receptores de Dopamina disminuyen y las dosis necesarias para producir la misma satisfacción son cada vez mayores.

Ahora puedes comprender fácilmente porqué los productos procesados son “demasiado sabrosos” para tu cerebro (estudio). Estos productos sobreestimulan tus papilas gustativas, y la cantidad de Dopamina que tu cerebro produce es mayor de la que tus neuronas pueden asimilar. Y aquí comienza esa pescadilla que se muerde la cola que acabamos de describir.

 

¿Qué relación tiene todo esto con la obesidad?

 

Pero la consecuencia de esto no queda simplemente en perder el sentido del gusto y el instinto natural para alimentarte. Muchas investigaciones científicas relacionan la disminución de receptores de Dopamina en el cerebro con la obesidad (estudio, estudio, estudio, estudio). Los científicos explican que las personas que tienen este mecanismo de recompensa dañado intentan compensarlo comiendo en mayores cantidades.

Esto explica porqué los niños con sobrepeso tienen menos capacidad para diferenciar los sabores que niños sin sobrepeso (estudio, estudio).

 

El azúcar no es el verdadero problema

 

Sabemos que el azúcar está relacionado con obesidad, diabetes, inflamación crónica, enfermedad cardiovascular, caries, cáncer, etc… (estudio, estudio, estudio, estudio). Pero el azúcar no es el verdadero problema, es solamente una más de las sustancias dañinas que contienen estos productos.

De hecho, en la siguiente gráfica podemos observar como a pesar del descenso en el consumo de azúcar en los últimos años, la tasa de obesidad ha seguido aumentando.

Gráfico que refleja la evolución en la obesidad y el consumo de azúcar en los últimos años

En este estudio también se ha observado que las bebidas light refuerzan el antojo y dependencia al sabor dulce.

Por este motivo el 95% de las dietas fracasan (estudio), renunciamos al azúcar pero nos cuesta renunciar a su sabor. Cambiamos productos azucarados por productos sin azúcar todavía más procesados para que sepan igual. Y todo esto no hace más que alimentar el círculo vicioso en el que la industria alimentaria nos mantiene atrapados.

La industria va modificando la composición de estos productos para reemplazar las sustancias nocivas de moda por otras menos conocidas. Primero hicieron los productos desnatados, luego vinieron los productos sin azúcar y ahora el malo es el aceite de palma. Que no te quepa la menor duda de que todos estos componentes son reemplazados por otros seguramente igual de nocivos. Pero eso si, manteniendo ese sabor de siempre que es el que te mantiene enganchado.

El sentido del gusto que durante milenios guiaba nuestra alimentación motivándonos a comer los alimentos más nutritivos, ahora solo nos pide que nos atiborremos a dulces.

 

Fidelizando futuros consumidores de azúcar desde la infancia

 

Todo esto que acabamos de hablar, es el principal motivo por el que los productos procesados hiperpalatables me parecen tan peligrosos para los niños. Es cierto que los niveles de caries y obesidad infantil se han disparado en las últimas décadas. También es cierto que cada vez aumentan los casos de diabetes tipo 2 en edades tempranas. Pero todo esto no sería tan preocupante si nuestros hijos pudieran simplemente dejar de comer estos productos cuando quisiéramos.

Cuando nuestro hijo de 5 años merienda un bollicao, lo preocupante no es que un bollicao sea malo para la salud, ni cinco, y posiblemente tampoco cincuenta. Lo verdaderamente preocupante cuando le damos estos productos a nuestros hijos es que estamos condicionando su sentido del gusto. Y lo más probable es que se pase los próximos 15 ó 20 años alimentándose principalmente de comida basura, y eso sí es perjudicial.

La industria alimentaria es perfectamente consciente de esto, y nos bombardea con campañas publicitarias dirigidas especialmente a los más pequeños. Saben que a estas edades los niños son especialmente sensibles al sabor dulce (estudioestudio), y enganchándolos a su sabor desde edades tempranas los fidelizarán como consumidores habituales durante muchos años.

productos azucarados dirigidos a los más pequeños

Deja estos productos para las ocasiones especiales y procura que el 95% de la alimentación de tu hijo esté basada en comida real. Seguramente no seáis los padres más populares del patio pero seguro que algún día vuestro hijo os lo agradece.

 

Rehabilita tu paladar, elimina los productos procesados.

 

La respuesta a la pregunta con la que comenzaba este artículo es “con nada, acostúmbrate a tomártelo solo”.

Sinceramente creo que este es el mejor cambio (aunque también el más difícil) que puedes hacer en tu alimentación. Elimina los productos procesados e intenta reeducar tu paladar a los sabores de siempre. Es la única forma de que cuando pierdes peso los cambios positivos en tu composición corporal se queden para siempre.

Deja de buscar en las estanterías del supermercado cuáles son las galletas más saludables y busca en la sección de frutas y verduras. Cambia los cereales azucarados y la bollería de tu desayuno por un revuelto o un par de piezas de fruta.

En vez de tomar el café con dos cucharadas de azúcar empieza a echarle solo una. Pronto te acostumbrarás y en poco tiempo te sabrá tan dulce como antes y podrás reducirlo un poco más.

Atrévete con los yogures naturales sin azúcar. Fue el primer cambio que yo hice personalmente en este proceso y en un mes estaba perfectamente adaptado. A cualquier niño que no haya tomado yogures azucarados le parece un manjar, y en unos meses a ti también te lo parecerá.

Está claro que este no es un cambio fácil, pero te aseguro que vale la pena. Deja que tu instinto retome las riendas de tu alimentación. En pocos meses comenzarás a notar que percibes ciertos sabores que antes no percibías y cada vez tendrás menos antojos de dulce.

Te recomiendo que veas esta charla de Aitor Sánchez de Mi Dieta Cojea. Te ayudará a comprender un poco mejor como la industria de los productos procesados nos mantiene enganchados.

 

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Eliminar los productos procesados de tu dieta es uno de los consejos que figuran en nuestro e-book. En él podrás leer 11 consejos para elaborar tu propia dieta de la forma más natural y saludable. Puedes descargártelo de forma gratuita simplemente introduciendo tu e-mail en este LINK. Además te enviaremos un aviso cada vez que publiquemos un nuevo artículo en la web. Y por último, si te ha parecido interesante este artículo no dudes en compartirlo.

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